Comentario de Alejo de los Reyes sobre el documental «El sonido de antes».

De la gran cantidad de expresiones musicales de la Argentina, el Tango fue siempre la más conocida. También un instrumento sobresale con la estatura de símbolo nacional. La guitarra en Argentina todavía era llamada «vigüela» durante el siglo XIX y, aún en la actualidad, en el habla de Buenos Aires (el Lunfardo) se le llama cariñosamente «viola».

La «viola» llega al territorio que después se llamaría Argentina con la primera expedición al Río de la Plata en el siglo XVI y es omnipresente durante toda la historia posterior. No es de asombrar que se encuentren en la cultura argentina muchos rastros de usos antiguos de la guitarra, como la postura apoyando la guitarra en el muslo derecho, tan parecida a la iconografía del barroco o el uso regular del «rasguido» (rasgueo). También el uso del plectro que introdujo un ejecutante de bandurria (Aguilar, uno de los guitarristas que acompañaban a Carlos Gardel) y cuya técnica vió en el Río de la Plata un desarrollo sin par durante el siglo XX.

Dentro de esa cultura del Buenos Aires del siglo XIX pasaban cosas que quizá no podrían haber sucedido en España, como que el malagueño Salvador Ramírez, otrora rival de Pagés y Benedid, enseñara al gallego Francisco Núñez los secretos de construcción de sus guitarras. Núñez fue poco después el primer industrialista de guitarras del mundo. En su fábrica, establecida en 1870, se hicieron guitarras de todo tipo, desde algunos modelos modestos y pequeñitos que solían estar en las manos de los payadores o los cantores, hasta las otras, más finas, como las que popularizó Carlos Gardel, tan reconocibles por su boca con una gran incrustación en nácar blanco formando una estrella. Posteriormente a la muerte de Núñez, algunos de sus empleados se hicieron cargo de la fábrica y la tienda, trabajando con la marca «Antigua Casa Núñez», que fue un símbolo de la música argentina a lo largo del siglo XX.

Patricio Crom, guitarrista de tango y amante de las guitarras antiguas, posee varias de aquellas «modestas» guitarras, que pese a su construcción basada en los paradigmas dieciochescos han resistido durante sus años de sonar en manos rústicas. En ese camino se encontró con una de esas famosas guitarras gardelianas con boca de estrella. La guitarra estaba en un estado paupérrimo de conservación, no solo por las múltiples roturas, sino también por los horripilantes «arreglos» intentados sobre ella. Entonces recurre a las manos de Sebastián Núñez, el luthier más relevante de instrumentos antiguos de nuestro país. En el proceso de la tan difícil reparación surge una pregunta inevitable: «¿cómo sonaría esta guitarra en la época de Gardel?». Esa búsqueda (que retrata el documental «El sonido de antes», de Yael Smulewicz) lo conecta con una veintena de guitarristas de la rica escena tanguera de Buenos Aires, con edades que van desde los veinte hasta los ochenta y tantos años. No contento con ello, su búsqueda continúa junto con su hermano, también luthier de instrumentos antiguos, que le enseña la confección de cuerdas de tripa, y hasta con un especialista en métodos de grabación de la época de Gardel, Guillermo Elías, que le aporta a la película un par de momentos mágicos, como cuando el cantor Juan Villarreal oye su voz completamente transformada por el prisma de una grabación acústica sobre un cilindro de cera.

«El sonido de antes» es el retrato de una tradición viva y de la actualidad de una escena tanguera que se sostiene casi exclusivamente por la pasión, la tozudez y la curiosidad de sus músicos. Y claro, la historia de una guitarra que esperó varias décadas para volver a sonar.

Alejo de los Reyes.

10 de diciembre del 2024